Los últimos volúmenes de Who Made Me a Princess nos llevan directamente al corazón emocional de la historia. Mientras Claude permanece en coma, Athanasia (o Athy, como la conocemos con cariño) intenta mantener en secreto su estado, alegando que simplemente “está descansando”. Pero las cosas se complican cuando descubrimos que el misterioso huésped en la mansión del duque no es otro que Anastasios, el hermano mayor de Claude y emperador depuesto, quien ahora afirma ser el padre de Jeannette… y no parece tener intenciones muy nobles.
Esta etapa de la historia deja atrás los juegos palaciegos para entrar en terreno mucho más emocional, introspectivo y maduro. Si bien durante varios tomos la narrativa dejó en segundo plano el concepto de doble isekai, aquí esa idea regresa con fuerza y propósito.
🌸 Un isekai distinto: tres vidas, una elección
Para quienes lo hayan olvidado, Athy ha vivido tres vidas: su primera en la Corea del Sur contemporánea, la segunda como la princesa trágica del libro The Lovely Princess, y esta tercera, donde lucha por reescribir su destino. Y es precisamente esa acumulación de experiencias la que la prepara para lo que está por venir.
Este enfoque funciona maravillosamente. Athy ya no es solo una «reencarnada con ventaja»; es alguien que ha aprendido a vivir, amar y proteger. Si se hubiese aferrado a su pasado desde el principio, jamás habría forjado los vínculos tan profundos con su padre, con Lucas o incluso con Jeannette. Esta vez, no huye del cuento: lo transforma.
👑 Jeannette, la “villana” que nunca fue
Una de las fortalezas de esta etapa es cómo subvierte el clásico trope del isekai: la protagonista buena vs. la villana “blanca” (amable, dulce, pero manipulada). Jeannette no es malvada. Es, de hecho, un ser creado con magia negra por Anastasios, y ni siquiera es humana. Su historia podría haber terminado como tantas otras, con rivalidades infantiles, pero Athy elige otro camino: el del entendimiento.
Al final, Jeannette es salvada no por magia, sino por empatía. Ella creía que Athy era su hermana. Cuando descubre que técnicamente no lo son, el dolor es real. Pero Athy no la rechaza. La acepta. Y con eso, rompe el ciclo de los roles narrativos impuestos por el género. Las chicas no tienen que ser enemigas. Pueden ser familia, incluso si el lazo no es de sangre.
🌀 Claude y Anastasios: hermanos rotos, hombres rotos
La revelación sobre Anastasios trae consigo una ola de emociones y recuerdos. A través de flashbacks, vemos que su odio no nació del poder, sino de la pérdida. Cuando amó a Diana, su personalidad cambió. Cuando la perdió, su alma también.
Claude, por su parte, nunca fue el monstruo que el libro describía. Era simplemente alguien roto por el dolor, incapaz de amar y amarSE a sí mismo. Athanasia lo ayuda a sanar, sí, pero el mensaje aquí es claro: él también tuvo que tomar la decisión de salvarse. Nadie puede sanar si no quiere ser sanado.
💫 Elegir quién quieres ser
Esta es la verdadera columna vertebral de los volúmenes 7–9: las elecciones personales.
Jeannette elige confiar en Athy, no en su padre manipulador.
Anastasios elige querer a su hija, y no repetir sus errores.
Claude decide despertar, no por deber, sino por amor.
Y Athy, finalmente, elige vivir su historia, no solo corregir una narrativa.
Estas decisiones, nacidas del interior y no impuestas desde fuera, dan una fuerza emocional enorme al desenlace. No es magia ni destino: es elección.
✨ No todo es perfecto…
Como toda historia, tiene sus debilidades. El personaje de Ezekiel queda subdesarrollado, y la trama con Eternities, relacionada con la resurrección de Anastasios, se siente apurada y poco clara. Da la impresión de que algunos detalles del material original —las novelas de Plutus— no se trasladaron bien al manhwa de Spoon. El propio autor menciona en el epílogo que muchos elementos cambiaron en el proceso de adaptación.
Sería maravilloso poder leer algún día las novelas originales, especialmente si alguna editorial se anima a publicarlas en español.
📘 Un cierre digno, aunque no definitivo
Who Made Me a Princess no se despide con todas las respuestas, pero sí con una certeza emocional. La vida amorosa de Athy queda abierta, pero eso no importa tanto como el hecho de que ella, al fin, eligió su vida.
El epílogo, con ese estilo de cuento de hadas tan nostálgico, es la cereza en el pastel. Athy ya no es la princesa destinada a morir por su padre. Es la princesa que decidió vivir.
🎨 Valoración final
Calificación general: 8.5 / 10 (B+)
Historia: 8.5
Arte: 9
✔️ Lo mejor:
Arte hermoso y constante.
Temas profundos sobre identidad, libre albedrío y empatía.
Subversión efectiva del cliché “villana vs. protagonista”.
❌ Lo mejorable:
Trama de Eternities mal desarrollada.
Algunos personajes quedan olvidados (Ezekiel, especialmente).
Who Made Me a Princess no es solo otro isekai. Es una historia sobre sanar, elegir y crecer. Una lectura altamente recomendable para quienes aman las historias que mezclan fantasía con emociones reales y complejas.

👑 Jeannette, la “villana” que nunca fue